Los videojuegos y yo: ¿Me gusta?… Me gusta… ¡Me gusta!

Es difícil imaginar a una persona sin gustos o pasatiempos de los cuales disfrute bajo cualquier circunstancia, sin esa pasión al menos mínimamente visible en sus ojos [chiste de diputados no encontrado; trate en una web menos original]. Creo que el sentir cierta pasión por algo, ya sea que tenga sentido o no, es uno de los aspectos más esenciales de los seres humanos y por ello creer, aunque sea inconscientemente, que no existen o que se pierden por el simple hecho de tener alguna discapacidad es una gran equivocación.

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¿Al ver a alguien con una discapacidad medianamente severa, te has preguntado qué le gustará? Si rara vez lo hacemos con “personas normales”… Sin pretender presentarme como un estándar, te diré que yo tengo gustos, ¡y muchos! Tantos que nunca me etiqueto con ninguno; no me considero otaku, gamer, cinéfilo o book worm, por mencionar algunos, siendo éstos sólo un gusto más. Pero, obedeciendo al nombre de esta serie de posts, me centraré en los videojuegos para llevarte por algunos temas poco conocidos de la discapacidad, ya que este es un reflejo aplicable a muchos otros aspectos de mi vida.

Pero antes de darle sentido al subtítulo de este post, permíteme plantearte, tal vez, la pregunta más incómoda que te harán hoy: ¿Haces lo que te gusta? Y no, no me refiero a si te gusta lo que haces, sino a que si te das el tiempo de dedicarte a eso que te apasiona, sea lo que sea. ¿Diario? ¿Por semana? ¿Cuántas veces al mes? Pregunto esto porque al tener una discapacidad, al menos en mi caso, los gustos se ven limitados o condicionados por otros factores, teniendo inclusive que pasar por un proceso bastante surrealista.

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Hablando de una manera general y abstracta, muchas veces cuando veo un videojuego que creo que me puede gustar, tengo que investigar si lo puedo jugar o por lo menos adaptar a algo que pueda ejecutar de forma medianamente decente, probar y, si todo sale bien, hasta entonces podría decir que me gusta.

Muy pocas veces esto resulta en algo en lo que pueda destacar y competir, si es el caso, de tú a tú con las personas; otras veces, ya sea por un bajo desempeño o porque tengo que hacer algunos cambios para poder nivelar la situación, crea una actividad intrascendente y solitaria; pero la realidad es que en la gran mayoría de ocasiones la conclusión es que no lo puedo jugar, que “no me gusta”, y simplemente deja de ser una opción.

Por eso trato de disfrutar al máximo lo que puedo y me gusta hacer; te recomiendo hagas lo mismo.